Del Moon Joy del Artemis II a la geopolítica espacial
Mayo 2026
Jeraldine Pérez Mondragón
“As we prepare to go out of radio communication,
we’re still going to feel your love from Earth.
And to all of you down there on Earth and around Earth,
we love you, from the Moon. We will see you on the other side.”
Victor Glover, astronauta piloto del Artemis II.
El pasado 1º de abril de 2026, a través del cohete SLS de la NASA, se lanzó la exitosa misión Artemis II, la primera expedición tripulada del programa Artemis. Cuatro astronautas encabezados por el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista Christina Koch de la NASA y Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense, hicieron historia en una travesía de aproximadamente 9 días, 1 hora y 32 minutos. Rompieron el récord del viaje humano más lejano desde Apollo 17 en 1972, pasaron por el lado oscuro de la Luna, captaron eclipses impresionantes y regresaron con las mejores fotos de la Tierra, la Luna y la Vía Láctea en décadas. Afortunadamente, todo terminó con un amerizaje perfecto y sin contratiempos.
Este regreso a la Luna no fue sólo una prueba técnica: fue un hito simbólico y estratégico que marca el nuevo rumbo de la exploración espacial. Nos remite a los días de la Guerra Fría, pero también abre interrogantes sobre el futuro del espacio como un nuevo campo de poder geopolítico, con tintes de mitología, cultura pop y, por supuesto, música.
Geopolítica Espacial
Durante la Guerra Fría, la competencia espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética era sobre todo ideológica y de puro prestigio. El lanzamiento del Sputnik en 1957 por los soviéticos generó pánico en Washington. La respuesta fue el programa Apollo, con él, Neil Armstrong pisó la Luna en 1969 y convirtió al satélite en el trofeo definitivo: la superioridad tecnológica y científica de Occidente sobre el comunismo.
El programa Artemis II nos recordó todo esto, pero con diferencias clave. En los 60´s el objetivo era simbólico y propagandístico; hoy el espacio es un dominio estratégico de recursos, infraestructura y normas internacionales. Ya no se trata sólo de “quién llegó primero”, sino de quién construye presencia sostenida para crear una economía lunar y, eventualmente, misiones tripuladas a Marte.
El programa Artemis forma parte de un marco multilateral: los Artemis Accords, firmados por más de 60 países (entre ellos Canadá, Japón y Europa). Estos acuerdos promueven transparencia, interoperabilidad, uso pacífico del espacio y extracción responsable de recursos lunares, alineados con el Tratado del Espacio Exterior de 1967. No son vinculantes, pero buscan generar normas consuetudinarias que claramente favorecen a Estados Unidos y sus aliados.
Por el otro lado, China y Rusia impulsan su propia iniciativa: la International Lunar Research Station (ILRS), con planes para una base lunar en 2030. Beijing ya recolectó muestras con la misión robótica Chang’e-6 y apunta a un alunizaje tripulado en 2030. Moscú, con capacidades más limitadas, aporta experiencia en cohetes y módulos, recordemos que en 1957 fueron los rusos los que enviaron a la perrita Laika en el Sputnik II, los primeros en mandar un mamífero al espacio.
Nos encontramos nuevamente ante dos bloques: el occidental liderado por Washington y el euroasiático liderado por Beijing. El que llegue primero a recursos clave como el “hielo lunar” escribirá las reglas del futuro espacial. ¿Por qué importa tanto? Porque el agua se puede dividir en hidrógeno y oxígeno, licuarlos y convertirlos en combustible para cohetes. Eso permitiría construir bases lunares como estaciones de servicio interplanetarias, haciendo que las naves sean mucho más ligeras. Según estimaciones de la NASA podría haber hasta 600 millones de toneladas métricas de hielo lunar para extraer.
La NASA ya inspeccionó el escudo térmico de la nave Orion, que aguantó temperaturas de 2.700 ºC y velocidades de reentrada de hasta 40.000 km/h. Todo esto abre la puerta directo a Artemis III y IV, con alunizaje previsto para 2028.
Los elementos clave que se identifican son claros: el científico y exploratorio (pruebas de propulsión nuclear para Marte y extracción de recursos in situ), el económico (la nueva “economía cislunar” con minería de helio-3, metales raros y hielo), y el geopolítico y de seguridad. Dominar el espacio se ha convertido en sinónimo de superioridad estratégica. Para Estados Unidos perder el liderazgo frente a China sería mucho más que un golpe técnico, sería una derrota en la gobernanza global del espacio.
Artemis II: Mitología, récords, cultura pop y mucha música
En la mitología griega, Apolo es el dios del Sol y Artemisa su hermana gemela, diosa de la Luna. Entre las muchas historias de Orión, me quedé con la versión en la que Artemisa lo convirtió en constelación. Con esos paralelismos, Artemis II nos dejó más de 7 mil imágenes del lado oscuro de la Luna, de la Tierra, Eclipses y la Vía Láctea que son simplemente indescriptibles. También el comercial involuntario de Nutella y rompió varios récords que vale la pena destacar: el 6 de abril lograron alcanzar la distancia más lejana alcanzada por humanos desde la Tierra: 252.756 millas (406.771 km); superó el récord de Apollo 13 (248.655 millas / 400.171 km); velocidad de reentrada más alta en la historia, son los humanos más rápidos durante su regreso: más de 24.664 mph (39.693 km/h). Superó el récord de Apollo 10; primer vuelo tripulado más allá de la órbita terrestre baja desde 1972: primeros humanos en el espacio profundo en más de 50 años, desde el Apollo 17; más personas simultáneamente en el espacio profundo: 4 astronautas, superando los 3 de Apollo 8 y una distancia total recorrida por la nave tripulada: aproximadamente 1.126.922 km; primeros humanos en ver el lado lejano de la luna y fotografiarlo. Se realizaron pruebas de salud humana en espacio profundo como, por ejemplo, biomarcadores de inmunidad, radiación, sueño, movimiento y demostración de comunicaciones ópticas de alta velocidad.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando el comandante Wiseman propuso nombrar dos cráteres lunares: uno en honor a la nave Integrity y otro llamado “Carroll”, en memoria de su esposa fallecida en 2000 por cáncer.
Los cuatro astronautas también marcaron primeros históricos: Victor Glover es el primer astronauta de color en viajar al espacio profundo; Jeremy Hansen, el primer no estadounidense y primer canadiense; Reid Wiseman, el astronauta de mayor edad (50 años); y Christina Koch, la primera mujer en volar alrededor de la Luna.
Además, ahora pudimos conocer las canciones con las que despertaban a los Astronautas, práctica que ayuda a reforzar la camaradería y la moral, mismas que son elegidas por ellos mismos y por sus familias, en el espacio sonó Sleepyhead de Young & Sick, Green Light de John Legend ft Andre 3000, In a Daydream de Freddy Jones Band, Pink Pony Club de Chapell Roan, Working Class Heroes de Ceelo Green, Under Pressure de Queen y David Bowie, Run to the Water de Live, entre muchas otras canciones, una playlist que en lo personal me ha gustado mucho.
Para los fans del anime, no nos pasó por alto que detrás del astronauta Stanley G. Love del puesto de CAPCOM en el Centro de Control de Misiones del Johnson Space en Houston había un peluche del gatito Artemis de Sailor Moon, uno de los guardianes que protege el legado lunar, además llevaba un cordón temático del famoso anime de 1992, fue así como en redes sociales de desato una serie de comentarios positivos y en muchas publicaciones se mencionó que “el gatito Artemis había vigilado la misión real a la Luna”.
Mientras terminaba de escribir el artículo, exactamente una semana después, escuchando por supuesto la playlist de Spotify del Artemis II, habiendo leído publicaciones de la NASA, notas periodísticas, blogs, de haber seguido en vivo durante dos días completos por Netflix y Youtube la misión de los cuatro astronautas de los que por supuesto que me declaro muy fan por su hazaña, sus fotos, su visión, preparación y sacrificio físico, personal y familiar, me ha dado hasta cierto punto mucho miedo, porque así como el hombre es capaz de crear cosas maravillosas y asombrosas, no dejo de pensar que también es el hombre el mayor destructor del planeta. Así que ojalá que todavía se tarden mucho en instalarse en la Luna, por lo tanto, no dejemos de maravillarnos por lo extraordinario que se ve todo en y desde el espacio.