Cuando informar cuesta la vida o la libertad
Enero 2026
Maricarmen Rizo
Iniciamos el año con malas noticias para la libertad de expresión en nuestro país, en donde informar puede costar no sólo la reputación, sino la vida o la libertad. Esta realidad representa otra amenaza directa a la democracia, pues sin prensa libre no hay rendición de cuentas ni ciudadanos informados.
El asesinato del Carlos Leonardo Ramírez Castro, el pasado 8 de enero, encendió nuevamente las alertas sobre lo peligroso que resulta ejercer el periodismo en nuestro país, en donde mueren más periodistas en el mundo sin ninguna guerra activa. Se trata del primer reportero asesinado en lo que va del año y el noveno durante la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum.
El crimen perpetrado en Veracruz, una de las entidades con mayor violencia hacia la prensa, no es un hecho aislado sino parte de un contexto marcado por la impunidad, la falta de garantías y la ausencia de política eficaz de protección a periodistas.
Por si fuera poco, los sicarios difundieron las imágenes del asesinato, un video de 35 segundos de duración, y de acuerdo con diversos especialistas fue un mecanismo para atemorizar a más comunicadores, demostrando de lo que son capaces, todo esto con total crueldad e impunidad.
Al cierre de la edición, siguen sin aparecer Wendy Arantxa Portilla Ramos y Karime Monserrat Murrieta Reséndiz, quienes desaparecieron tras asistir al funeral del periodista. De acuerdo con medios locales eran la novia y amiga cercana.
Contrario a lo que afirma Sheinbaum de que en México no existe la censura, se respeta la libertad de expresión y de prensa, a la violencia letal se suman formas más sofisticadas de censura, como la criminalización del trabajo informativo, el acoso fiscal y judicial que se utiliza como mecanismo de presión para castigar y/o cansar a voces críticas y la publicidad discrecional otorgada desde el gobierno como mecanismo de premio o castigo.
El caso de Rafael León Segovia “La Fita”, periodista en Coatzacoalcos, Veracruz, quien estuvo en arraigo domiciliario y pasó seis días tras las rejas, acusado de terrorismo, tras publicar información sobre corrupción y criticas relacionadas con autoridades locales es otro grave caso de atentado contra la libertad de expresión.
El periodista, quien obtuvo su libertad gracias a un amparo federal, pero la fiscalía regional mantiene otros dos cargos en su contra, afirmó que lo encerraron por hacer su trabajo, “tengo miedo, no tengo protección y tengo más miedo por los ministeriales de que me hagan algo”, dijo en entrevista con TV Azteca.
En este contexto, también llama la atención la reciente salida de Manuel López San Martin de MVS, tras nueve años al aire. De acuerdo con el propio periodista deja el espacio en el momento de mayor audiencia y cuando “más que nunca la libertad se defiende. El periodismo es incómodo o no es”.