De la voz a la acción: el papel de la juventud en el medio ambiente

Abril 2026

Paulina Martínez Hernández

La Nación

En las últimas décadas, el tema de medio ambiente ha sido muy sonado y, sobre todo, usado para poder dar discursos llenos de palabras bonitas y mensajes con datos duros que realmente al escucharlos nos alarman y nos preocupan. Sin embargo, quedan en palabras y pocos son los que ponen manos a la obra y comienzan con pequeñas o grandes acciones.

El mundo hoy enfrenta uno de los desafíos más complejos: buscar el equilibrio del desarrollo económico con la protección del medio ambiente. Experimentamos la implementación de agendas públicas, campañas políticas y foros internacionales, pero lamentablemente no hay los suficientes resultados para la magnitud de este problema.

Cuidar el medio ambiente no debería de ser una moda o una nueva tendencia que seguir, es una responsabilidad que a todos nos compete. A lo largo de los años el impacto ambiental ha sido diferente para cada una de las generaciones de la humanidad, pero particularmente la generación que hoy en día se interesa genuinamente por el medio ambiente es la de los nacidos entre 1995 y 2010 (Generación Z); esa generación que hoy en día está dispuesta a dejar el discurso atrás y asumir un papel activo en la construcción de un planeta más sostenible.

De acuerdo con UNICEF, aproximadamente mil millones de niñas, niños y jóvenes en el mundo viven en zonas de alto riesgo debido a diversas problemáticas ambientales. Esta cifra no sólo dimensiona la magnitud del problema, sino que también subraya la urgencia de atenderlo.

En el caso de México, la calidad del aire representa una amenaza directa para la salud pública. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, se estima que cerca de 48 mil muertes prematuras al año están relacionadas con la contaminación ambiental. Frente a esta realidad, las y los jóvenes hemos dejado de ver el medio ambiente como un tema secundario: lo entendemos como algo esencial, porque no sólo dependemos de él, sino que formamos parte de él. Hoy, presentamos una conciencia profunda y a su vez empática sobre la necesidad urgente de cambiar nuestros hábitos, exigir resultados y participar activamente en la búsqueda de mejores soluciones que verdaderamente impacten y resuelvan los problemas. Esta generación entiende que cuidar el medio ambiente no es algo únicamente ideológico, es una responsabilidad ética.

Hay datos duros y contundentes, pero, sobre todo, hay mucho por hacer. En México se generan más de 120 mil toneladas de residuos sólidos al día, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, y lo más grave es que menos del 10 por ciento de estos residuos se recicla. Esta realidad evidencia que el problema no es la falta de información, sino la falta de ejecución y de corresponsabilidad.

Como jóvenes hemos comenzado a impulsar acciones desde lo local, con iniciativas de reciclaje, campañas de reforestación, proyectos de economía circular y emprendimientos sustentables, por mencionar algunos ejemplos. Estas acciones demuestran que cuando hay voluntad es posible generar cambio.

Si bien estas acciones generan impacto, es importante reconocer que pueden y deben escalar. No basta con esfuerzos aislados, es indispensable construir una cultura de responsabilidad compartida entre ciudadanía, empresas y gobiernos, trabajando de manera conjunta por el bien común.

El panorama en México es claro: las y los jóvenes representamos cerca del 30 por ciento de la población, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. No es sólo una cifra demográfica, es una oportunidad histórica. Es la realidad en la que la participación juvenil en la vida pública no sólo es importante, sino trascendental. Tenemos la capacidad de influir en decisiones, impulsar agendas y construir soluciones reales. Este es el momento: somos el cambio y también los responsables de que las cosas sucedan.

Alzar la voz no es suficiente, como tampoco lo es el protagonismo, más bien es entender que esto se trata de servicio; participar en política, en organizaciones civiles o en proyectos comunitarios, ya que eso nos permite incidir directamente en la construcción de políticas públicas más responsables y sostenibles.

Desde una visión humanista y del bien común es necesario impulsar una agenda ambiental que no sólo atienda la urgencia del presente, sino que garantice condiciones dignas para las futuras generaciones.

Nuestro mundo nos necesita, México nos necesita, las presentes y futuras generaciones nos necesitan. Esta crisis no distingue ideologías o territorios, nos afecta a todos y exige lo mejor de cada uno de nosotros. Tenemos en nuestras manos la oportunidad de hacer historia, dejar de ser espectadores y convertirnos en protagonistas del cambio. Es momento para involucrarnos, de participar y actuar con responsabilidad.

Cuidar el medio ambiente no requiere discursos, requiere decisiones y acciones diarias, compromiso real, trabajo palpable. Desde nuestras comunidades, nuestras causas y nuestra participación en la vida pública sí podemos construir soluciones que generen impacto. Joven: infórmate, participa y lidera, el mundo te necesita.