Groenlandia

Enero 2026

Julio Faesler Carlisle

La Nación

El gélido mar Ártico roza Groenlandia tocando puertos en dos continentes. No es la primera vez que es punto de referencia. Conocido hace siglos por vikingos, misioneros y comerciantes de pieles, ahora lo sobrevuelan a diario líneas aéreas internacionales.

Poblado por daneses y noruegos, la mayor parte de los groenlandeses se dedican a la pesca. El control de esa gigantesca isla por Dinamarca fue confirmado en 1814 por el Tratado de Kiel entre Suecia y Dinamarca. En el siguiente siglo, ocupada Dinamarca momentáneamente por la Alemania nazi, el embajador danés en Estados Unidos firmó el 9 de abril de 1941 un Tratado con los Estados Unidos, permitiéndoles establecer sus fuerzas armadas en Groenlandia que en ese entonces exportaba criolita.

En 1953, Groenlandia dejó de ser colonia para incorporarse como parte del reino danés. Con representación en la cámara legislativa Folketing se presionó por ganar la independencia.

La Guerra Fría aumentó la importancia estratégica de la gran isla que sirvió de territorio para ensayar misiles balísticos intercontinentales, lo que justificó montar una base aérea norteamericana en el norte. La instalación recibió el nombre de Thule, como aquella “última Thule” mencionada en los versos de Sócrates y Virgilio como el punto más remoto de la tierra. La moderna base ocupó un espacio que las reticentes familias Inuit tuvieron que ceder.

Groenlandia cobra nueva importancia como punto de observación de puertos soviéticos como Múrmansk y Arcángel. La tecnología moderna la hizo más accesible y su capital Nuuk se acercó más al tráfico marítimo a medida que avanzó el paso del descongelamiento de sus glaciares.

Al participar Dinamarca, en 1973, como miembro de la Comunidad Europea, los habitantes de Groenlandia presionaron en Copenhague por una mayor independencia y más libertad para su comercio, principalmente con países de América. En febrero de 1982 el Folketing decidió la separación de la Comunidad Europea.

La ampliación de su estatuto de autonomía mediante un autogobierno hizo que la isla recibiera mayores recursos económicos, como el control de sus yacimientos petrolíferos. En 2009, Groenlandia pasó a controlar asuntos clave como la administración de justicia, un programa para proveer servicios médicos y de educación para los groenlandeses. El groenlandés se convirtió en la única lengua oficial.

Al mismo tiempo, se dio una mayor concentración de la población en las ciudades. Siendo pescadores la mayoría de los habitantes, el desempleo ha aumentado, así como otros problemas sociales.

Separada de la Unión Europea, Groenlandia es miembro fundador de la organización ambiental Consejo del Ártico y ha firmado tratados especiales, no sólo con países como Islandia o las Islas Feroe, sino también con varias asociaciones de la población Inuit de Canadá y de Rusia. Las relaciones internacionales de Groenlandia se extienden a medida que crece su potencial.

En 2025 tuvimos el más reciente capítulo del acompasado devenir de Groenlandia, que es el despertar la intención del presidente Trump de tomar el control de la isla, para evitar toda posibilidad que cualquier otro país comparta el vasto territorio del ahora codiciado círculo Ártico. La apuesta es establecer la hegemonía total y absoluta de Estados Unidos en todos los asuntos del mundo.

Hoy por hoy incluye la amenaza de establecer aranceles de hasta del 25 por ciento a los productos de ocho países que se oponen a los deseos de Trump de presionar la compra por Estados Unidos de la portentosa isla con todo y sus 57 mil habitantes. “Este arancel será exigible y pagadero hasta que se acuerde la compra completa y total de Groenlandia”, anunció hace unos días el presidente Trump, que se declaró dispuesto a negociar el asunto con Dinamarca. Las reacciones de repulsa de los países europeos no tardaron de hacerse oír.

Trump ha declarado varias veces que Groenlandia es vital para la seguridad de Estados Unidos dada la presencia de Rusia y China en la región.

De esta manera, continua este ciclo de intervenciones audaces y de imprevisibles consecuencias del actual presidente de Estados Unidos. Cualquiera que sean las repercusiones, nosotros, el PAN, como partido político, tenemos que entender el significado de que nuestro país sea un simple peón en el ajedrez y que nuestro hegemónico vecino juega con este desarticulado mundo actual.

 

Julio Faesler Carlisle es integrante del Consejo de Plumas Azules.