2026: el inicio de un nuevo orden internacional

Enero 2026

Jeraldine Pérez Mondragón

La Nación

Escribir sobre los temas de coyuntura, especialmente sobre los internacionales, últimamente se ha convertido en un desafío, ya que el mundo no sólo ha ido cambiando de manera acelerada, sino también porque se empieza a reflejar lo que ha estado ocurriendo en años anteriores y que, hasta cierto punto, había una pasividad que se resolviera o no, no impactaba de manera directa.

Los últimos años hemos vivido la configuración de un nuevo orden internacional que se ha acelerado con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en enero de 2025, dejando de lado el multilateralismo, con un pragmatismo transaccional y con la prioridad del interés nacional estadunidense, el conocido como “America First”, representa un giro hacia lo que en relaciones internacionales llamaríamos realismo clásico, que ha mostrado una unidad fundamental de pensamiento a lo largo de casi 2 mil 500 años, como principales pensadores podemos encontrar a Tucídides, Nicolás Maquiavelo, Carl von Clausewitz y Hans J. Morgenthau[1] que se ocupaban de las cuestiones de orden, justicia y cambio en los niveles doméstico, regional e internacional.

Los realistas clásicos enfatizan las similitudes, no las diferencias, entre la política doméstica y la internacional. Por tanto, se enfatiza el poder relativo, la competencia entre grandes potencias y el rechazo al multilateralismo, tal y como lo acaba de hacer Estados Unidos retirándose de 66 organizaciones multilaterales.

Desde una perspectiva geopolítica, los pensadores Nicholas Spykman, quien complemento la teoría del ‘Heartland’ de Halford Mackinder con la aportación del ‘Rimland’, una especie de anillo territorial que abarcan costas, islas e istmos euroasiáticos. Sin embargo, en estudios recientes, según la tesis doctoral de Olivier Zajec de la Sorbona de Paris publicada en 2016[2] esto iba más allá. Spykman creía que la política de seguridad debía tener en cuenta los factores geográficos, por lo tanto, para Estados Unidos, más allá de Eurasia, importan mucho más América Latina y Asia oriental, en estos momentos lo percibimos traducido en recursos energéticos, rutas árticas y puntos de estrangulamiento comercial.

El pasado 3 de enero, la manifestación más clara y controvertida fue la intervención en Venezuela, en la cual vimos la detención del dictador Nicolás Maduro y su esposa. Además, la administración de Donald Trump firmó una orden ejecutiva de emergencia para impedir que los tribunales o los acreedores se incauten los ingresos procedentes del petróleo venezolano depositados en cuentas del Tesoro de Estados Unidos. Con esta medida estarán bajo protección especial estos activos y de preservar su uso futuro en Venezuela, además autorizó el uso de contratistas militares privados para proteger activos energéticos.

Esta acción ha desencadenado intensos debates a nivel internacional, pero también entre los líderes de opinión, la sociedad civil y muchos analistas, principalmente, por su legitimidad en el derecho internacional. Para muchos, desde una perspectiva liberal e institucional de las relaciones internacionales, se habría violado el principio de no intervención y de la soberanía estatal del Artículo 2 fracción 4 de la Carta de las Naciones Unidas, que establece que los miembros de la ONU se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado así como también que esto socavaba el orden jurídico internacional basado en normas.

Por otro lado, muchos defendieron la acción y la justificaron como una medida necesaria para quitar a un dictador responsable de graves violaciones a los derechos humanos, colapso económico y una migración de casi 8 millones de personas. Se invocó la ‘Responsabilidad de Proteger’ (R2P), que es un principio de derecho internacional en el cual se establece que se resguarda a poblaciones frente al genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, por supuesto no hubo un respaldo formal.

Se habló de precedentes históricos estadunidenses como Panamá en 1989, argumentando que el interés nacional va más allá del acceso al petróleo y que prevalecía la amenaza directa que representaba el régimen de Maduro. Todo esto, viéndolo desde el punto de vista del realismo, es una geopolítica de ‘heartland’ energético que justifica acciones decisivas para prevenir la influencia de rivales como China y Rusia, que tenían una presencia muy fuerte, no sólo en Venezuela sino en varios países de América Latina. Cuba, Nicaragua y México son países que necesitan su análisis propio, pero que sin duda este precedente los impactó directamente.

Como una de las primeras acciones de Trump, las presiones arancelarias se convirtieron en una herramienta de coerción económica y también de negociación. En marzo de 2025 impuso tarifas de entre 10 y 25 por ciento a importaciones de China, Canadá y México, desencadenado una guerra comercial que ha reconfigurado cadenas de suministro globales. China, nombrado como el principal rival según la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, ha respondido con resiliencia, ya que registró un superávit comercial en 2025 y logró un acuerdo con el cual pudo reducir algunas medidas retaliatorias. China se ha convertido en el enemigo a vencer, mientras sigue avanzando en su influencia en Asia, África y América Latina.

Por su parte, Europa, ya sentía el distanciamiento con Estados Unidos, principalmente en la negociación de la paz entre Ucrania y Rusia, la reunión con el presidente ruso no fue un gesto aplaudido, ya que el avance ruso es lento pero constante y se agrava por ataques a infraestructura energética ucraniana y por las criticas de Trump contra el presidente ucraniano, Zelenski por obstaculizar la paz y sus ofertas de mediar en el conflicto son más para priorizar sus esferas de influencia en la región.

Por otro lado, las amenazas constantes de Trump sobre Groenlandia han provocado que los europeos denuncien un desacuerdo fundamental y han aumentado su presencia militar en la isla. Francia y Alemania enviaron tropas en señal de solidaridad con Dinamarca. Geopolíticamente, esto reflejaría la visión del ‘Rimland’ ártico, Groenlandia como punto clave para dominar rutas marítimas y recursos minerales ante el deshielo.

Finalmente, estamos siendo testigos de un orden internacional donde hay competencia por el poder, un aceleramiento de la multipolaridad y el regreso al unilateralismo. Feliz 2026.

 

[1] “International Relations Theories. Discipline and diversity”. Classic realism. Richard Ned Lebow. Oxford, 2013.

[2] “La desmitificación de Spykman y del determinismo geopolítico”. Antonio Rubio. Instituto Real Elcano.