Barrio o la libertad que se conquista
Enero 2026
Fernando Rodríguez Doval
A finales del año pasado falleció Francisco Barrio Terrazas, un líder legendario en la lucha por la democracia en México. Recordar su vida, así sea de manera telegráfica y somera, es una oportunidad para recordar que la libertad en México no fue una graciosa concesión del poder, sino que fue resultado de una lucha cívica que costó sangre, sudor y lágrimas.
Pancho Barrio era un empresario mediano de Ciudad Juárez, Chihuahua, que decidió dar el salto a la política del bien común ante la desastrosa situación que se vivía en México al inicio de los años ochenta. En aquella época, militar en la oposición era sinónimo de tragos amargos y todo tipo de problemas. Fue electo presidente municipal de Ciudad Juárez en 1983 y, tres años después, fue víctima de un fraude descomunal cuando compitió por la gubernatura de Chihuahua. El gran orquestador de aquel fraude fue Manuel Bartlett, entonces secretario de Gobernación y hoy destacado militante de Morena.
Los fraudes electorales no eran algo nuevo en México, pero en aquella ocasión sí lo fue la respuesta ciudadana ante la arbitrariedad de la autoridad. Como nunca antes, la sociedad dejó de lado la indiferencia y salió a las calles a exigir respeto a su voto. Como nunca antes, los sectores intelectuales de este país dejaron de lado las cómodas aulas universitarias y alzaron su voz condenando el actuar del partido de Estado. Como nunca antes, políticos de diversas corrientes ideológicas se unieron para luchar por el objetivo común de democratizar a este país. Como nunca antes, el mundo volteó a ver a México y se dio cuenta que aquí había un régimen autoritario, una dictadura perfecta que incluso hablaba con todo cinismo de un “fraude patriótico” para impedir que la “reacción” panista pudiera gobernar en un estado fronterizo con Estados Unidos.
En entrevistas posteriores, Pancho Barrio fue enfático en que había que lograr que los fraudes le costaran al gobierno, que no fueran impunes. Y vaya que aquel fraude le costó a un gobierno que ya no podía seguir imponiéndose sobre los ciudadanos. Nada fue igual después de aquel verano caliente de 1986. Diversas reformas electorales vinieron tiempo después y permitieron la liberalización y democratización del régimen priista.
Barrio fue candidato a gobernador nuevamente en 1992. En aquella campaña sufrió la trágica pérdida de una de sus hijas en un accidente automovilístico. Ahora sí se reconoció su triunfo y durante seis años gobernó Chihuahua con prudencia, eficacia y honradez. Años más tarde, Pancho Barrio sería secretario de la Función Pública en el gobierno de Vicente Fox y coordinador de los diputados federales panistas.
Barrio fue un hombre profundamente religioso. En una reciente entrevista con Austria Galindo y Eduardo Rivera reconoció que fue su compromiso católico el que lo empujó a aceptar la candidatura a la presidencia municipal de Ciudad Juárez, a pesar de todos los nubarrones que se cernían en el horizonte. Sin alharacas ni golpes de pecho, buscaba que su fe guiara todas sus acciones.
Hoy México vive momentos de tremenda regresión autoritaria. El obradorismo ha pretendido construir un régimen en el que el poder está concentrado y los contrapesos debilitados. Con la próxima reforma electoral se busca colocar el último clavo en el ataúd de la democracia mexicana. En estas condiciones, el recuerdo de personajes como Francisco Barrio son, sin duda, inspiradores. Barrio fue un político inconforme, echado para adelante, que no estaba dispuesto a resignarse frente a la injusticia. Mañana como ayer será necesario, seguramente, retomar muchas de las prácticas de desobediencia y resistencia civil que Barrio llevó a cabo tras el fraude de 1986. Su legado debe iluminar a la actual generación cuya principal lucha será recuperar la democracia en México. Y es que Barrio nos dejó claro que la libertad se conquista día a día, y que en cualquier momento se puede perder.