Patria, Familia y Libertad
Noviembre 2025
Javier Brown César
Patria, familia y libertad son banderas históricas que el PAN ha enarbolado desde su fundación. El lema del Partido plasma con claridad la misión y visión históricas que siguen inspirando nuestra lucha política a favor de la nación, la sociedad y la democracia. “Por una patria ordenada y generosa y una vida mejor y más digna para todos” no sólo es un lema, es un imperativo categórico fundacional, una marca distintiva de Acción Nacional.
La patria, a decir de Efraín González Luna, es una extensión del hogar, es la tierra de los padres. La familia es una realidad clara, natural, espontánea, de cuyo vigor y fortaleza depende la subsistencia de la propia sociedad. La familia es la comunidad natural en torno a la cual se construye un lugar habitable, un hogar que es a la vez garantía de intimidad y desarrollo pleno de sus integrantes.
La patria no es otra cosa que casa grande y amada, por ello para González Luna “no consiste en algo extraño a nuestro ser y a nuestro esfuerzo; no es una obra exterior” es la “casa de los padres en trance perpetuo de edificación”. Cada uno de nosotros encarna a la patria, porque, a decir del gran poeta José María Gurría Urgell: “El hombre es patria que pasa, la patria es hombre inmortal”.
Para González Luna la patria, más que paisaje, más que historia, más que tradición, más que etnografía y geografía, más que todo esto, es un deber continuo. Edificar los cimientos de la patria ha sido una labor histórica del PAN, a través de la defensa de instituciones democráticas, de la creación de órganos al servicio de las personas y de sus familias, y mediante gobiernos comprometidos con el bien de todas y todos por igual.
Como decía González Luna “Nosotros somos los cimientos, los muros y las columnas que sostienen la patria”. Y estos muros se sostienen en su firmeza e integridad gracias al vigor de la institución familiar, base fundamental e histórica de las sociedades humanas y célula social sagrada en la que se defiende la vida, se enseñan los valores, se promueven las virtudes y se practica cotidianamente la solidaridad.
Para nosotros la familia es el cauce principal de la solidaridad entre generaciones y es además el espacio primario de la responsabilidad social. Por ende, debe ofrecer la más leal red de seguridad y de afecto ante contingencias y amenazas. La familia es el espacio natural en el que florece de forma espontánea el amor, base fundamental de toda sociedad que aspira a los valores propios de la solidaridad: unidad, concordia, orden, auténtica amistad.
Para con las familias, el Estado tiene a la vez una relación solidaria y subsidiaria: tiene la obligación de adaptar el marco institucional para proteger y promover, en el hogar, lazos esenciales de solidaridad humana y bajo ninguna circunstancia debe pretender sustituir a la familia como primera educadora y como célula básica cuya preeminencia sobre el Estado es natural. La familia tiene la obligación de construir un orden social justo y el Estado debe velar celosa y escrupulosamente por la libertad de conciencia de los miembros de la familia y por el derecho preferente de los padres para determinar el tipo de educación que deben recibir sus hijos. La defensa de la familia es a la vez una defensa de la sociedad misma y de la patria.
La libertad, no es un valor absoluto, es un rasgo distintivo de la dignidad humana. Desde su fundación, el PAN se ha erigido como un auténtico defensor de la libertad, tanto de pensamiento como de convicción religiosa. Contra aquellos que todavía pretenden encuadrar al PAN como un partido de derecha, como un brazo político de la iglesia, el partido postulaba ya desde 1939 la defensa del Estado laico, pero también la defensa de un Estado que no impone ideologías, como sucede en el socialismo.
Acción Nacional ha contrapuesto históricamente la doctrina, como un cuerpo realista de principios y valores superiores, a las ideologías. Las ideologías, desprendidas de su contacto con la realidad, desvirtúan los fines superiores de la humanidad y la alejan de los valores trascendentales del bien, la verdad y la bondad. Hoy las ideologías reemplazan la verdad bajo un ropaje de mentiras “atractivas” que seducen conciencias y promueven sumisiones.
Para el PAN la defensa de las libertades, más que un postulado liberal, es la garantía de la unidad, ya que toda nación se enriquece precisamente gracias a la diversidad, a la pluralidad y al disenso. En sus tiempos Aristóteles fue un gran defensor de la pluralidad, al afirmar que la máxima unidad destruye a la ciudad. En sus afanes de dominio, el autoritarismo histórico que ha enfrentado el Partido se ha basado en la uniformidad de pensamientos y de creencias, y en la construcción arbitraria de historias fantasiosas que, al negar la vocación histórica de la Patria mexicana, la destruyen.
La libertad está estrechamente vinculada a la responsabilidad social, ya que como persona libre el ser humano es un sujeto ético y social, por lo tanto, responsable ante sí mismo y ante los demás. Esta libertad acotada conlleva deberes y derechos propios de la naturaleza humana. Al respecto comentaba Carlos Castillo Peraza: “Una política humanista tiene que reivindicar, junto con la libertad individual, la responsabilidad. Esto vale para las leyes que nosotros iniciemos para asuntos como el del trabajo y el del salario; el de los códigos penales; el de tan a la moda legislación específica para las diferentes etnias. No podemos tratar a ningún ser humano como irresponsable porque automáticamente lo ubicamos en el ámbito de la animalidad no libre”.
Para nosotros ser un sujeto ético implica la vocación indeclinable a la realización del bien, por lo que ser un sujeto social conlleva la construcción colectiva del bien. Además, es propio de la naturaleza humana el binomio indisoluble entre derechos y deberes: derecho sin deber deviene libertinaje; deber sin derecho deviene tiranía. La libertad es además una cuestión de decoro nacional. El decoro es una cuestión de respeto, de consideración. La persona humana está abierta a la verdad a través de la inteligencia y, por ende, debe emprender, por sí misma, la búsqueda de lo que considera que es valioso que se conozca. De ahí la necesidad de garantizar la pluralidad de convicciones, de prácticas, de creencias religiosas y de enseñanza.
El fin eminente de la libertad ejercida con responsabilidad es la mejora de la convivencia humana; los medios para lograr esto son la gestión y el aprovechamiento de condiciones políticas, sociales y económicas en aras del pleno desarrollo humano. Correlativamente cada persona tiene el deber de construir un orden justo; este deber es ineludible y debe ser parte de cualquier programa de formación de ciudadanía. Más allá todavía: la libertad de cada persona ha de coexistir creativa y solidariamente con la libertad de los demás, de forma tal que, tanto el Estado como la sociedad, sean ofertas de libertad y bases seguras para el progreso personal y social.
X: @JavierBrownC