Subsidio a combustibles
Abril 2026
Noemí Luna Ayala
Aunque el Medio Oriente parezca lejano, sus efectos se sienten todos los días en el bolsillo de las familias mexicanas. La globalización ha acercado los conflictos internacionales a nuestra economía, golpeando con especial dureza al campo.
La guerra en esa región ha generado un impacto directo al mundo: el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán afectó el flujo de petróleo, gas y fertilizantes, encareciendo insumos esenciales para producir alimentos, como es el caso de México.
El resultado es claro y doloroso. El diésel ronda ya los 30 pesos por litro, mientras los fertilizantes han subido hasta 55 por ciento. Nada es más caro que lo que no se tiene, podría resumirse en la voz de miles de productores que hoy enfrentan costos imposibles.
En Zacatecas y otras regiones frijoleras la situación ya es crítica. A pesar de existir un Precio de Garantía de 27 pesos por kilo, los productores que no fueron beneficiados con el acopio oficial se ven obligados a vender entre 6 y 8 pesos a los coyotes. Por cierto, voces dentro del partido oficial Morena denuncian que en mi estado el “coyotaje” es oficialista, pues lo encabeza el diputado federal morenista, José Narro.
Sin respaldo efectivo del gobierno federal, el campo queda en desventaja y abandono.
“Quien siembra hoy, lo hace con incertidumbre”, dicen campesinos que ven cómo su esfuerzo vale cada vez menos. No hay acopio suficiente, ni comercialización justa, ni reglas claras que protejan su trabajo.
Desde el gobierno de Claudia Sheinbaum se ha implementado un subsidio a los combustibles. Es un paso, sí, pero insuficiente. Celebro esta medida que retoma una propuesta impulsada previamente por el PAN, aunque aún sin la fuerza necesaria.
Hoy se requiere ir más allá. Establecer el precio de los combustibles en 20 pesos por litro, como lo pedimos en el PAN, no es una exigencia política, es una necesidad productiva. Mantenerlos cerca de 30 pesos asfixia al campo y encarece toda la cadena alimentaria.
Cabe recordar que, en el pasado, el ex presidente Andrés Manuel López Obrador prometió gasolina a 10 pesos. Hoy, ni siquiera el doble de ese compromiso parece alcanzable para millones de mexicanos.
El campo no pide privilegios, pide justicia. Pide fertilizantes accesibles, energía más barata, mercados transparentes y un gobierno que acompañe, no que observe.
Porque al final, cuando el campo se abandona, no sólo pierden los productores: perdemos todas y todos.