El PAN y la sociedad
Abril 2026
Fernando Rodríguez Doval
El politólogo francés Maurice Duverger, uno de los que más han estudiado a los partidos políticos, aseguró que en éstos “el origen es destino”. Es decir, la forma en que un partido nace marca inexorablemente su existencia posterior.
El Partido Acción Nacional fue el primer partido en la historia de México que nació desde la ciudadanía. El PAN no nació desde el poder, como el caso del que hoy es el PRI, ni tampoco fue la escisión de ningún otro partido, como los muchos que proliferaron en los turbulentos años treinta del siglo pasado. El PAN nació desde la sociedad, con personas que, como bien decía Manuel Gómez Morin, “no somos ni deseamos ser políticos profesionales; pero estamos convencidos de que sólo la acción de los ciudadanos mismos, una acción congruente, disciplinada, resuelta, puede dar a México la paz, la prosperidad, la ventura que inútilmente se ha estado esperando de los caudillos”.
Acción Nacional nació como una escuela de ciudadanía antes que como una maquinaria electoral. Manuel Gómez Morin no convocó a políticos profesionales, convocó a ciudadanos libres. Con el paso de los años, el PAN se convirtió en un eficaz vehículo para líderes comunitarios de alta visibilidad que deseaban cambiar las cosas en el país. Fue el caso de personajes como Francisco Barrio, Manuel Clouthier, Ernesto Ruffo o el propio Vicente Fox.
Con el paso de los años, también, el PAN abandonó esa tendencia y cayó en otra mucho más endogámica y, a la larga, dañina para él y para México. Cuando los partidos se vuelven clubes cerrados, pierden conexión con la gente. Así lo ha mostrado la historia innumerables ocasiones en todo el mundo. Es lo que en la ciencia política se conoce como la “cartelización” de los partidos.
Es evidente que el PAN no es propiedad de nadie, sino que es patrimonio de la sociedad mexicana. Los ciudadanos hoy quieren participar, no sólo votar cada tres años. El PAN no puede ser un edificio con puertas cerradas; debe ser una casa con las puertas y ventanas abiertas.
Recientemente, el presidente de Acción Nacional, Jorge Romero, anunció que todas las candidaturas del PAN serán abiertas a los ciudadanos. Cualquier persona podrá participar en los procesos internos, tanto para eventualmente ser candidato como para poder decidir quiénes lo serán. Es un anuncio ambicioso, sin duda. Requiere mecanismos claros de implementación, también. Pero por lo pronto es una esperanza indudable en una política mexicana en la que se ha perdido conexión con las necesidades de la gente de a pie.
Con esta decisión, el PAN es fiel a su esencia y a su naturaleza de partido ciudadano y de los ciudadanos. Regresa a su espíritu fundacional de abrir de par en par las puertas a la sociedad.
Acción Nacional debe volver a ser el vehículo de los ciudadanos para cambiar a México. No queremos ciudadanos al servicio del partido; queremos un partido al servicio de los ciudadanos, porque la política debe volver a ser una causa compartida entre sociedad y ciudadanía organizada.
Y la política no se construye sólo en los comités municipales, estatales o en el nacional, sino que se construye en las universidades, en las empresas, en los barrios, en las colonias, en las organizaciones sociales.
Los momentos actuales del país exigen que los actores políticos sean sensibles a las demandas de la sociedad. Hay que decirlo sin alarmismo, pero con realismo: hoy en México se está construyendo un régimen autoritario que destruye las libertades. Un régimen que promueve la división y la confrontación de forma permanente. Un régimen que ha hecho alianzas inaceptables con el crimen organizado. Un régimen extraordinariamente corrupto e inepto.
Frente a esa realidad, la generosidad debe imponerse. Hoy los panistas damos un paso al frente y le decimos a todos los mexicanos que aquí estamos para defenderlos.